Observatorio de Sostenibilidad

Observatorio de Sostenibilidad

El Observatorio de Sostenibilidad OSE del Instituto Erudite recoge, a través de la investigación sobre el terreno, el impacto que la sociedad tiene sobre el medio ambiente y la respuesta que se ofrece desde diferentes ámbitos e instituciones a esta situación.

El Observatorio de Sostenibilidad OSE del Instituto Erudite recoge, a través de la investigación sobre el terreno, el impacto que la sociedad tiene sobre el medio ambiente y la respuesta que se ofrece desde diferentes ámbitos e instituciones a esta situación. Analiza la implantación y evolución de procesos de Agendas 21 de sostenibilidad y de medio ambiente (ámbito comarcal y municipal), biodiversidad, programas de educación ambiental en centros escolares, políticas ambientales en empresas, impacto ambiental, etc. Con ello se esperan impulsar propuestas novedosas que generen a su vez nuevas alternativas sociales y empresariales de desarrollo sostenible.

 


Descubrimos una casa ecológica y vemos qué es

Las casas bioclimáticas o ecológicas son las que logran condiciones óptimas de habitabilidad con un mínimo de consumo energético, teniendo en cuenta la orientación de la construcción, el terreno y la naturaleza que está a su alrededor.

 

Deben ser autorreguladas y autosuficientes y contar con un mantenimiento barato que no dependan de fuentes no locales de energía. Mayoritariamente la energía procede de las fuentes naturales gratuitas.

Ahorran recursos utilizando el agua de lluvia y como son construidas con materiales no tóxicos se integran primeramente en el medio ambiente.

Usan energías limpias y tienen cero emisiones.

Además de ser una vivienda cómoda y preciosa tiene que ser de calidad y tiene que estar en armonía con el entorno vivo.

Estas viviendas tan prácticas se construyen con técnicas y materiales modernos que facilitan el ahorro y proporcionan comodidades, pero evitan las zonas geopatógenas e insalubres.

Iñaki Urquía es uno de los escasos y más conocidos arquitectos bioclimáticos, ha construido y diseñado 30 edificios ecológico públicos y privados en nuestro país. Según Iñaki, España es una tierra que disfruta de condiciones climáticas insuperables pero a su vez poco aprovechadas. Muy pocas personas habitan en casas ecológicas en España por lo tanto la bioconstrucción en España, está desarrollada por algunos pocos, ni las universidades muestran mucho interés por el tipo de arquitectura. Iñaki aconseja la autoconstrucción como la manera de ahorro económico. El precio puede bajar de 600 euros a 150 euros el metro cuadrado. Deja imprimir un sello personal en la obra, con un ritmo propio para trabajar y así da tiempo para pensar en lo que significa crear el propio hogar.

 

La casa ecológica en construcción

La orientación de la casa es lo fundamental. Tiene que levantarse al sur en la ladera, protegida del norte y libre de corrientes. Algún tipo de montaña más suave o alguna colina y al sur una parte de valles que no oculten el sol.

Los materiales de construcción se conseja que sean lo más naturales posible de la zona, más fáciles y baratos de conseguir pudiéndose apoyar en los materiales de reciclados y albañilería tradicional.

Para ahorrar agua normalmente se utilizan sistemas de aprovechamiento y depuración de las aguas>. Es muy importante mantener el aire puro y sano, evitando materiales tóxicos en el mobiliario y la construcción.

La calefacción puede ser de dos tipos, la solar pasiva, orientada al sur con ventanas de doble acristalamiento y la activa, la proporciona la cocina de leña y chimenea. El agua caliente se hace con un sistema de placas, también se puede utilizar el sol para cocinar en las asequibles cocinas solares. Células fotovoltaicas, turbinas, aerogeneradores, son posibilidades.

Electrodomésticos, se emplean los de bajo consumo que no tengan ni gases nocivos ni ondas electromagnéticas, deben disponer de una toma de tierra en perfectas condiciones y que los elementos sean naturales.

Una vivienda así proporciona un adecuado confort y consume una reducida cantidad de energía, causando así una menor contaminación.

La refrigeración y la calefacción de una vivienda representan casi la mitad de la energía consumida al año. Lo que puede llevar a grandes ahorros energéticos y económicos es las mejoras en el aislamiento. Con un exhaustivo diseño bioclimático, el ahorro en refrigeración y calefacción podría alcanzar hasta un 80%.

Fuente: Cursosypostgrados.com

 

 


Travesía obligada hacia la Sostenibilidad

En el contexto actual marcado por la globalización de la economía y las políticas neoliberales vigentes, las potencias hegemónicas pretenden perpetuar un modelo de unilateralismo y deslocalización de las fuerzas productivas. Esta corriente económica y política del capitalismo que defienden el libre comercio en general y una drástica disminución del gasto público y de la intervención del Estado en favor del sector privado, en los últimos años ha profundizado la brecha entre las sociedades denominadas ricas y pobres.

El modelo capitalista contribuye al aumento del consumo y para ello precisa ingentes cantidades de recursos naturales. Los recursos naturales, es especial el agua dulce no son ilimitados, por el contrario, algunos de los ecosistemas destruidos en aras de la prosperidad económica son irrecuperables.

El crecimiento sostenible y duradero es un concepto aplicado a desarrollo socioeconómico y que fue tratado formalmente en el denominado informe Brundtland, 1987 llamado así por la primera ministra noruega Gro Harlem Brundtland en el seno de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas en 1983.

Posteriormente este concepto fue adoptado en el Principio 3º de la Declaración de Río Janeiro (1992). Es a partir de este informe cuando se consideró el término inglés sustainable development, y fue a partir de este vocablo cuando surgió una cierta confusión entre los términos desarrollo sostenible y desarrollo sustentable. La diferencia es intrínseca ya que el desarrollo sostenible comporta un avance eficiente y eficaz en tiempo y espacio. Mientras que el desarrollo sustentable envuelve un fin (aquí y ahora), es inherente a la eficacia aunque no necesariamente implica eficiencia. Por tanto, el desarrollo sostenible significa sustentabilidad, pero la sustentabilidad no conlleva necesariamente la sostenibilidad (Wandemberg, 2015).

A partir de la Conferencia de Río (1992) en la que estuvieron presentes 176 países y 102 jefes de Estado y de Gobierno fueron aprobadas por unanimidad la Declaración de Río sobre el Ambiente y Desenvolvimiento. Esta declaración de principios sobre la masa forestal y la Agenda 21, así como en la Convención sobre el cambio climático y la Diversidad Biológica firmados por 157 y 155 países respectivamente.

Esta última Convención establece medidas de acción para la conservación de la biodiversidad, la sostenibilidad y el uso por las actividades humanas compartidas de forma equitativa de los recursos genéticos por los diversos países. La Convención sobre la Diversidad Biológica obliga a profundas reflexiones sobre la “propiedad de los recursos” y del derecho de los países a patentarlo, ya que no es una cuestión filosófica, pero sí económica. El uso de los recursos genéticos, en especial por la farmacología en la agricultura, colocan a los recursos genéticos en un plano relevante para la economía mundial. Esta misma posición llevó a los países participantes en la Conferencia de Cartagena (Colombia, 2000) a pactar el Protocolo de Bioseguridad en la que se trató con especial relevancia la contaminación biológica por especies invasoras y genéticamente modificadas. De momento este protocolo no está en vigor, debido a la falta de apoyo y ratificación de al menos 50 países, de momento sólo se han comprometido 22 países.

Con respecto a la Convención del Cambio climático el primer paso fue dado en 1997 con la firma del Protocolo de Kioto, Japón, tras dos reuniones previas en 1992 y 1993. En este Protocolo los países industrializados firmantes acordaron establecer una reducción global de alrededor de 5,2% de las emisiones de gases de efecto invernadero hasta el 2010. Sin embargo, las sucesivas reuniones celebradas en Haya (Holanda) y Bona (Alemania) no consiguieron convencer a los países más contaminantes como Estados Unidos de Norte América o Canadá y Australia para que ratificaran el Protocolo de Kioto. En este sentido, en la Cumbre de la Tierra de Johannesburgo, 2002 se constató la falta de acuerdo de los países desarrollados para asumir el compromiso sobre la reducción de las emisiones de efecto invernadero. Para ello, es necesario adherirse al menos 55 países más industrializados que representan al 55% de las emisiones globales. Es importante señalar que la Cumbre de 2002, además de tratar la reducción de los gases de efecto invernadero, también se abordó la adopción de otras medidas como la pobreza, el consumo, los recursos naturales y su gestión, la globalización y el cumplimiento de los Derechos humanos.

En esta cumbre se esperaba conseguir medidas concretas y medibles para frenar el cambio climático y reducir la brecha entre países ricos y pobres.

De la Declaración de Johannesburgo (2002), queremos destacar algunos principios relacionados principalmente con el cumplimiento del programa global Agenda 21 y la Declaración de Río respecto a un nuevo enfoque planetario, rumbo a la sostenibilidad duradera. Por ejemplo, “Reconocemos que la erradicación de la pobreza, la alteración de los patrones de consumo y producción y la protección y mantenimiento de los recursos naturales como bases para el desenvolvimiento económico y social son objetivos cruciales y necesarios para el desenvolvimiento sostenible”. “La pérdida de biodiversidad al igual que las reservas marinas continúan decayendo, la desertificación avanza devorando la tierra fértil, los efectos del cambio climático ya son evidentes y son más notables en los países menos desarrollados, ya que impiden que millones de personas alcancen un nivel de vida aceptable”.

Por último, destacamos la importancia de continuar incentivando la solidaridad humana que promueva el diálogo y la cooperación entre naciones, independientemente del origen cultural y la religión. El principal propósito de la cooperación humana es fomentar principios rectores y estrategias transversales para afrontar un mejor desarrollo sostenible.

 

Bibliografía:

RUIVO, M. (s. a): “Rumbo à Sustentabilidade”. En Forum Ambiente, Lisboa, Edição Especial, nº 85, p.2.

VERA, R. (s. a): “Cimeira de Joanesburgo”. En Forum Ambiente, Lisboa, Edição Especial, nº 85, pp. 21-36.

WANDEMBERG, J.C. (2015): Sostenible por Diseño: Desarrollo Económico, Social y Ambiental, s.l., Amazon Company.

 

 


¿Qué entendemos por educación ambiental para la sostenibilidad?

Cuando en los años sesenta se cuestionó el modelo de crecimiento establecido y se denunció el impacto que producía sobre el medio ambiente, se hicieron numerosos diagnósticos sobre la crisis ambiental.

Uno de estos diagnósticos apuntó a la educación, y denunció que era necesaria una mayor Educación Ambiental para poder hacer frente al problema. Lo cierto es que las relaciones entre educación y medio ambiente no son nuevas, se remontan ya a principios del siglo XV (con autores como Locke, Comenio, Rosseau, Montaigne, Pestalozzi, Rebelais, etc.), pero lo que sí es nuevo, es que a partir de la década de los setenta nace una conciencia real sobre la necesidad de una educación para el medio ambiente, y se expande e institucionaliza la Educación Ambiental.

Esta “visión distinta” resulta de una variación en la percepción del hombre sobre el medio ambiente, percepción que ha quedado reflejada en la relación establecida entre “ambiente” y “educación” y, consecuentemente, en los distintos enfoques desde los que se ha abordado la Educación Ambiental. Este proceso se ha desarrollado progresivamente y ha discurrido desde posiciones que reducían el “ambiente” al medio natural, pasando por otras que se acercaban a una visión más holística que incorporaba también otros elementos como parte del entorno en el que tenía lugar la vida humana (social, político, económico, cultural) hasta alcanzar en los últimos años, perspectivas que conciben el ambiente desde una posición interdisciplinar que ofrece una mayor comprensión de la complejidad de la crisis ambiental.

Partiendo de estos presupuestos, las finalidades y prácticas de la Educación Ambiental desde la década de los setenta han transcurrido por distintas fases.

Primera fase de la educación ambiental. Década setenta:

  • Visión del medio ambiente: medio natural
  • Finalidad: educar para la conservación del medio ambiente

Segunda fase. Década ochenta:

  • Visión del medio ambiente: medio natural, social y cultural
  • Finalidad: educar para la concienciación de la crisis ambiental

Tercera fase. Década noventa:

  • Visión del medio ambiente: interdisciplinar, realidad compleja
  • Finalidad: educar para el desarrollo sostenible

Cuarta fase. Principios siglo XXI

  • Visión del medio ambiente: interdisciplinar, realidad global
  • Finalidad: educar para la sostenibilidad

Desde finales de la década de los noventa comenzaron a aparecer en la Educación Ambiental sectores especialmente críticos con el “desarrollo sostenible” que lo interpretaban como un elemento más del proyecto neoliberal y de la sociedad de mercado.

Estos sectores, que siguen hoy presentes, consideran el modelo del desarrollo sostenible como falto de ética y de una consistencia ideológica mínima para resolver la crisis ambiental. Argumentan que este concepto, de desarrollo sostenible, que se confunde en su significado con el de “desarrollo autosostenido” o “crecimiento sostenible”, es simplemente una pantalla para continuar la práctica del desarrollo entendido como crecimiento. Es decir, consideran que es un “discurso”, el del desarrollo sostenible que genera una mayor conformidad social, pero realmente sigue aplicando principios neocapitalistas.

Por esta razón encuentran incluso que el modelo del desarrollo sostenible es incompatible con las finalidades de la Educación Ambiental, que debía apuntar hacia un cambio más radical de la sociedad en todas sus esferas (política, cultural, social, económica, de actitudes, de valores, etc.). Estos sectores insisten en constituir una ética ambiental, enseñar a la sociedad un nuevo código de valores, actitudes, pensamientos… en definitiva, un nuevo estilo de vida más equilibrado con la naturaleza que ayude a comprenderla y a vivir armónicamente con ella.

A principios del siglo XXI, se considera que la Educación Ambiental debe tener una tarea mucho más comprometida con la sociedad y debe repensar el orden establecido para operar cambios desde sus bases. No debe operar como una “educación para o a favor del medio ambiente” sino como una “educación para cambiar la sociedad”, una educación total que contribuya a una mejora de la calidad de vida y de su entorno y que se centre en el sujeto de la educación y no en el medio ambiente, y que persiga un modelo dirigido hacia una mejora social, económica y política, y en el que esté presente vivir con menos (“decrecer”) y con mayor calidad, y por lo tanto, con más sostenibilidad.

Y una vez que el desarrollo sostenible se ha demostrado a lo largo de los años fallidos en su fundamentación, o quizá en su uso, debido a su manipulación por los políticos y gestores, el modelo del decrecimiento aparece como el más adecuado para marcar los objetivos de la Educación Ambiental y poder alcanzar ese futuro sostenible.

Fuente: Instituto Erudite.

 

 


 ¿Qué importancia tiene la educación para la salud ambiental?

Hace años cuando se hablaba de la salud ambiental se hacía referencia a condiciones puntuales como por ejemplo los efectos de la contaminación nuclear o de ciertas profesiones peligrosas, y se creía que la ciencia resolvería cualquier problema. Ahora, problemáticas ambientales nuevas que el ser humano todavía no sabe manejar como el daño en la capa de ozono, la gestión de residuos, la calidad del agua, y números riesgos ambientales, todo ello sumado a la pobreza y la marginación, nos ofrecen un panorama mucho más complejo y diferente que afecta directamente a la salud de los individuos.

La salud y el medio ambiente que nos rodea están íntimamente relacionados. Cuando hablamos de “medio ambiente” hablamos de medio natural, como el aire, el agua y el suelo, y también de todas las características físicas, químicas y sociales que existen en nuestro entorno.

El “medio ambiente construido” por el hombre incluye las estructuras físicas donde las personas viven y trabajan, como las casas, oficinas, escuelas o fábricas, y los sistemas comunitarios como las carreteras y los sistemas de transporte, prácticas de uso de la tierra y manejo de los desechos, etc. Las consecuencias de la alteración del medio ambiente natural, como la contaminación del aire, podemos incluirlas también en este medio ambiente construido por el hombre. El “medio ambiente social” incluye factores del estilo de vida, como la dieta, el ejercicio, el estatus socioeconómico, y otras influencias sociales que pueden afectar a la salud.

En definitiva, el aire que respiramos, los alimentos que comemos, el lugar en el que trabajamos o los edificios en los que vivimos tienen una gran implicación en nuestro bienestar y en nuestra salud. Por ese motivo, la calidad y la salubridad de nuestro entorno son vitales para disfrutar de una buena salud.

Actualmente, el medio ambiente es considerado globalmente uno de los factores más influyentes en la salud, tanto en la infancia como en la etapa adulta, pero especialmente en el primer grupo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son más de tres millones de niños los que mueren al año por enfermedades relacionadas con el medio ambiente. La falta de agua potable, de un saneamiento adecuado, la contaminación del aire, los riesgos tóxicos y la degradación de los ecosistemas son los factores de riesgo más importantes para la infancia.

Es innegable que en los últimos años, paralelamente al aumento de los problemas ambientales, asistimos a un aumento de la inquietud de los ciudadanos ante las posibles consecuencias sanitarias derivadas de estas cuestiones. Podemos recordar por ejemplo, el accidente de las minas de Alnazcollar en abril de 1998, el naufragio del petrolero “Prestige” frente a las costas de Galicia en noviembre de 2002 o la crisis nuclear en Fukushima (Japón) después del terremoto de mayo de 2011; y a otros niveles, la preocupación por los materiales potencialmente tóxicos en contacto con el agua o los alimentos, la emisión de antenas y dispositivos de telefonía móvil, etc.

En general, el área de la salud ambiental engloba aquellos aspectos de la salud humana (y animal), incluyendo la calidad de vida, que están determinados por factores físicos, químicos, biológicos, sociales y psicosociales del medio ambiente. Así mismo también hace referencia a la valoración, corrección, control y prevención de factores ambientales que pueden afectar potencialmente a la salud de las generaciones presentes y futuras.

Fuente: Instituto Erudite.

 

 


Selección de Documentos

 

institutoerudite-225-medidas-para-el-desarrollo-sostenible

institutoerudite-estrategia-espanola-de-desarrollo-sostenible

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